Cuentos clásicos feministas | Ángela Vallvey Arévalo
( 23 ) CAPERUCITA TALL (O SEA: ALTA) —Hija mía, pasas demasiado tiempo delante del ordenador. ¡Quién hubiese dicho que los ordenadores iban a servir para estas tonterías! Yo, cuando era niña pensaba que las máquinas solo ha- cían cosas inteligentes, al contrario que los humanos. Pero me equi- vocaba. ¡Mírate!, tienes que salir y tomar el aire. O te convertirás en una especie de fantasma paliducho. —Qué antigua eres, mami, pero si todo el mundo hace lo mis- mo… —Claro, y si los demás se tiran por un barranco, tú también te vas a tirar... —respondía la madre, diciendo lo mismo han dicho que todas las madres desde hace trece mil años. —Bueno, te contaré que salto desde una gran altura mientras estoy jugando. Las caídas no son tan malas. Además, cada juego me da por lo menos diez vidas. Así que, si me mato, no tengo más que coger otra y seguir jugando. —¿No te das cuenta de que eso no es el mundo real? Hija mía, mira a tu alrededor. Quien salta desde lo alto, se rompe la crisma y no vive para contarlo. ¿¡Es que no sabes lo que es el mundo real!? —Mami, ni siquiera los filósofos saben qué es el mundo real. ¿Cómo quieres que lo sepa yo…? —No te me pongas chulita, que no lo soporto. —No, si yo solo lo digo para que luego no me vengas con que no estudio... Un día, la madre, desesperada, y el padre, con pinta de estar a punto de sufrir un ataque de algo, decidieron que tenían que obligar a Caperucita a dejar sus juegos digitales y salir a tomar un poco de aire. No muy fresco, la verdad, ya que la contaminación de la ciu- dad empezaba a llegar incluso hasta la urbanización donde vivían, situada en medio de un parque de árboles mustios que miraban con nostalgia hacia el cielo, soñando con tiempos mejores. Quizás con la Prehistoria.
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy MTQwOQ==