Cuentos clásicos feministas | Ángela Vallvey Arévalo
( 61 ) CENICIENTA Y EL REALITY SHOW Se oían los gritos de las dos herma- nastras. «Bueno, sí. Se me ocurren al menos dos candidatas a necesitar un marido para sentirse bien…», pensó Cenicienta. Pocos días después, las hermanas- tras irrumpieron en la cocina. —Se va a celebrar el casting en la plaza del pueblo; arregla nuestros ca- bellos, limpia y plancha nuestras ro- pas, cocina, friega y haz cualquier otra cosa que se te ocurra y que te fastidie mucho —dijo Rifi—. Debemos ser las más guapas de todas las candidatas a casarse con ese pibón. —¡Y su cuenta corriente! —¿Habéis pensado alguna vez que la belleza está en el interior…? —sugi- rió Cenicienta. —¿En el interior de qué? —¿Dónde dices…? Cenicienta hizo todo lo que le orde naron, entre lágrimas. Ya ni siquiera lloraba de pena, pero es que la ceniza le escocía los ojos. Como no podía la- varse muy a menudo, las lágrimas sem- braban unos surcos en su cara que la hacían parecer una pequeña cebra ca- breada. «Yo también quiero ir a ese casting —pensó Cenicienta, sorprendiéndo- se a sí misma—. Pero no para buscar marido, sino para demostrarme a mí
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