Cuentos clásicos feministas | Ángela Vallvey Arévalo
( 75 ) El Chulazo Durmiente E rase una vez un rey y una reina que todos los días se decían a sí mismos: «Qué felices seríamos si tuviésemos un hijito, así podríamos cobrar el cheque bebé y hacerle fotos y vídeos para subirlos a Instagram y presumir con nuestros amigos». Pasaba un año y otro año, y otro…, pero el ansiado hijo no llega- ba, a pesar de que los reyes habían recurrido a todo tipo de técnicas de fertilidad. El ansiado retoño se hacía esperar. Era como aguardar un milagro. Un día, la reina se estaba bañando en un spa que habían abier- to en un hotel de muchísimas estrellas y varias lunas, en el centro del pueblo, cuando se le acercó un camarero con un zumo de me- lón africano espinudo y mangostino, con mucho hielo picado, y le dijo: —Señora reina, tu deseo se hará realidad y dentro de poco serás madre de un precioso niño.
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