Cuentos clásicos feministas | Ángela Vallvey Arévalo

( 76 ) CUENTOS CLÁSICOS FEMINISTAS La reina lo miró encantada, y aunque al principio no se creyó sus palabras, sin saber muy bien por qué se fue alborozada del lugar, llena de esperanza, y contó maravillas de él a todas sus amigas. —Ir allí es mejor que hacerse una liposucción, chicas. Por lo me- nos, una sale contenta del resultado. La reina, a veces, soñaba con el camarero. En sus ensueños, el joven poseía una enorme cabeza de sapo y repetía una y otra vez: «¡Tendrás un niño, tendrás un hijo!». Lo decía tantas veces que resultaba pesado, incluso. Luego, la reina despertaba y, a su alrededor, todo seguía igual que el día anterior. Sin embargo, una buena mañana la reina descubrió que estaba embarazada. Nueve meses y seis días después dio a luz un precioso hijo mediante cesárea, pues ni los médicos ni ella tuvieron pacien- cia para esperar a que el chavalote viniera al mundo por su cuenta. Después de dos días de parto infructuoso, tuvieron que sacarlo a la fuerza. Fue prácticamente una desokupación . El niño no quería salir ni con fórceps. Quizás no quería trabajar para pagar las pensiones de sus mayores. El rey estaba tan contento que decidió organizar una gran fiesta, que es lo que suelen hacer los reyes cuando tienen algo que celebrar, y cuando no. «Este nacimiento me viene fenomenal, ahora que entre mis súbdi- tos cada vez hay más republicanos…—se dijo a sí mismo—. Porque el pequeño aumentará los índices de popularidad de la monarquía». Así que invitó a todos los reyes del mundo a celebrar el feliz acontecimiento. También a todas las hadas, e incluso a las brujas, porque no quería que se enfadasen con él. Ya sabemos lo que pasa cuando un rey cabrea a una bruja… —Preparadme una lista con todas las personas relevantes a las que tengo que invitar; y hacedlo por orden alfabético, que es el orden

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