Cuentos clásicos feministas | Ángela Vallvey Arévalo

( 83 ) EL CHULAZO DURMIENTE lo que era salir con los amigos a hacer botellón. Decidió explorar una vieja torre abandonada en la que nadie entraba nunca. Subió por una escalera de caracol y llegó hasta una puerta de madera muy adornada, pero en estado lamentable, como las de los bares de mala nota. «Ni siquiera las puertas del centro de salud del pueblo tienen tan mal aspecto», se dijo el muchacho, que había visto fotos por Internet. La curiosidad fue más fuerte que él y, a pesar de que le habían advertido una y otra vez de que no se moviese de sus habitaciones,

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