La resurrección. De hombre a Dios | Javier Alonso López
( 96 ) debidos a Roma. * A partir del momento en el que muere Jesús, comienza el relato del sepelio y la resurrección. El entierro de Jesús Contamos con cinco relatos diferentes sobre el entierro de Jesús, cuatro en los evangelios y un quinto en los Hechos de los Após- toles. Según lo expuesto en el capítulo anterior, la narración más antigua se encuentra en el evangelio de Marcos. Dependientes de este relato, los otros dos evangelios sinópticos ofrecen su propia versión. Primero, Mateo, y a continuación, Lucas: * Véase, por ejemplo, Lucas 23, 2 M arcos 15, 42-47 Y llegada ya la tarde, como era víspera, lo cual es día antes del sábado, llegán- dose José de Arimatea, un miembro prudente del consejo, que también es- taba a la espera del reino de Dios, se atrevió y se di- rigió a Pilato y le pidió el cadáver de Jesús. Y Pilato se sorprendió de que ya hubiera muerto y tras lla- mar al centurión le pre- guntó si murió hacía tiempo. Y tras conocerlo por el centurión concedió el cadáver a José. Y tras comprar una sábana y ba- jarlo lo envolvió en la sá- bana y lo colocó en una tumba que había sido excavada en la roca y arrimó haciéndola rodar una piedra tallada a la puertade la tumba.YMaría de Magdala y María la de José veían cómo quedó co- locado. M ateo 27, 57-61 Y llegada la tarde vino un hombre rico de Ari- matea, de nombre José, que también él fue discí- pulo de Jesús; este, diri- giéndose a Pilato, le pidió el cadáver de Jesús. En- tonces Pilato ordenó se le entregara. Y tomando el cadáver José lo envol vió en una sábana limpia y lo puso en su sepulcro nuevo que excavó en la roca y, tras arrimar a la puerta del sepulcro una gran roca haciéndola ro- dar, se marchó. Y estaban allí María la Magdalena y la otra María sentadas delante de la tumba. L ucas 23, 50-56 Y he aquí que un hombre llamado José que era miembro del Consejo y hombre bueno y justo—él no había estado de acuer- do con su decisión y he- chos— procedente de Arimatea, ciudad de los judíos, que esperaba el reino de Dios, este, llegán- dose a Pilato pidió el cadá- ver de Jesús y tras bajarlo lo envolvió en una sábana y lo colocó en un sepulcro cavado en la roca en el que nadie había sido deposi- tado todavía. Y era el día de la Preparación y cla- reaba el sábado. Pero las mujeres que le habían se- guido, las que habían ve- nido de Galilea con él, vieron el sepulcro y que el cadáver era colocado en él, y se volvieron y prepara- ron plantas aromáticas y mirra. Y el sábado descan- saron según el precepto.
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